Germán Fernández

Ironías de la historia. Hace siglos "secuestrábamos" africanos para esclavizarlos en las plantaciones agrícolas. Hoy vienen solos, en tal cantidad que ni siquiera podemos aprovecharnos de ellos.
Como soy español, quiero hablar de Italia, siempre resulta más fácil ver la paja en el ojo ajeno que en el propio.
Tavoliere delle Puglie, es la llanura agrícola más grande de Italia y una de las más extensas de Europa. Ubicada en el sur de Italia se caracteriza por infinitos cultivos a cielo abierto, enfocados de manera masiva en la producción agrícola industrial.
El cultivo estrella es el tomate (destinado a conservas, triturados y salsas). Kilómetros y kilómetros de plantas de tomate crecen a ras de suelo organizadas en hileras perfectas y kilométricas. No hay árboles, colinas ni estructuras que protejan del sol. El terreno está completamente expuesto a las inclemencias del tiempo, lo que convierte la zona en un horno durante los meses de verano.
En los meses de julio y agosto (plena cosecha), las temperaturas en la llanura de Foggia superan fácilmente los 40 °C a la sombra, la cual es inexistente en el campo. El suelo es sumamente seco, levantando densas nubes de polvo con el viento o el paso de maquinaria, a lo que se suma la constante exposición directa a los productos agroquímicos de los cultivos intensivos.
Los campos comienzan de forma inmediata donde terminan las chabolas que habitan los "trabajadores". El asentamiento de Borgo Mezzanone se levantó de hecho sobre la antigua pista de un aeródromo militar abandonado. El cemento agrietado de la pista sirve como base para las casetas de madera y plástico, y justo a los lados arranca la inmensidad de las tierras agrícolas.
El asentamiento de Borgo Mezzanone, alberga de forma permanente a entre 1.500 y 4.000 personas (cifra que se duplica en los meses de verano durante la cosecha del tomate), el poblado carece por completo de servicios públicos, ya que las autoridades lo consideran un asentamiento ilegal.
No existen grifos, tuberías ni redes de agua potable conectadas a la red pública. Los trabajadores dependen de camiones cisterna que rellenan bidones de plástico. Este agua a menudo no es potable y contiene restos de fertilizantes.
No hay red de desagües, inodoros ni saneamiento. Las aguas residuales corren al aire libre entre las chabolas. Las personas se lavan con cubos de agua calentada al fuego y utilizan letrinas improvisadas cavadas en la tierra.
El servicio municipal de limpieza no entra al poblado. Los residuos acumulados se queman en hogueras improvisadas, lo que genera humos tóxicos debido a la presencia de plásticos.
Las chabolas son construidas por los propios migrantes con los materiales que encuentran a mano. Se utilizan palés de madera, cartones de embalajes agrícolas, lonas de plástico (muchas veces arrancadas de los propios cultivos) y chapas de zinc o latón.
En cada pequeña caseta viven hacinadas varias personas. El uso de cocinas de gas portátiles, velas y cables eléctricos defectuosos provoca incendios frecuentes y letales. En invierno, al no tener calefacción, queman plásticos y madera tratada para calentarse, lo que causa muertes por asfixia o intoxicación por monóxido de carbono.
Las personas que habitan y trabajan en Borgo Mezzanone son, en su inmensa mayoría, hombres jóvenes procedentes del África subsahariana, de países como Mali, Gambia, Senegal, Ghana y Nigeria.
Constituyen la mano de obra oculta que sostiene la industria agrícola de la región de Foggia (Apulia), la cual produce cerca del 40% de los tomates de toda Italia.
Muchos cruzaron desde las costas del norte de África (principalmente Libia o Túnez) en embarcaciones precarias hasta desembarcar en islas italianas como Lampedusa o en las costas de Sicilia y Calabria.
Inicialmente, fueron trasladados a centros de acogida oficiales en la región. Sin embargo, los sucesivos endurecimientos de las leyes de extranjería en Italia redujeron drásticamente los permisos humanitarios, expulsando formalmente a miles de personas del sistema de acogida oficial. Sin casa ni ayudas, terminaron buscando refugio en la "ciudad-chabola" de Borgo Mezzanone.
Una parte importante de los habitantes no son "recién llegados". Muchos llevan años en Italia y llegaron a tener un estatus legal temporal (como solicitantes de asilo o con protección humanitaria). Al no poder renovar sus documentos debido a las restrictivas normativas del gobierno, cayeron en la irregularidad administrativa.
Al no tener papeles, los migrantes dependen de redes criminales de intermediarios (los caporali). Estos capataces controlan el transporte diario hacia los campos, deciden quién trabaja cada mañana y fijan salarios míseros, cobrándoles un porcentaje extra por llevarlos, lo que reduce su sueldo real a niveles de explotación extrema.
Los odiamos, nos avergüenzan, pero nos encanta explotarlos igual que hace unos siglos.
El texto va dedicado a la Presidenta italiana, Giorgia Meloni.

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