EL PERRO Y LOS BOMBARDEROS 


En 1944, en tiempos de los más duros bombardeos sobre Alemania, cerca de Aquisgrán, y la gente tenía que pasar casi todas las noches en los refugios antiaéreos, la señora Ida Loni fue a ver a una amiga que estaba ingresada en el Hospital Municipal, habló con la enfermera jefe, la hermana Úrsula, una monja muy simpática de trato afable. Le dijo que debía ser terrible trasladar a los heridos graves de la sección de Cirugía al sótano cada vez que sonaba la alarma antiaérea. Le hermana Úrsula respondió que no era para tanto y que no bajaban a los heridos todas las veces. Ella se fiaba de un perrito de la vecindad que se ponía a ladrar furiosamente cuando el peligro era real. El perrito no se equivocaba nunca y sabía si los aviones iban a bombardear la ciudad o seguirían hacia el Ruhr. Una variación en el sonido de los aviones, según la ruta, le bastaba al perro para saber hacia dónde se dirigían.


Los perros tienen una audición hiperdesarrollada o capacidad auditiva aguda. Captando sonidos de alta frecuencia o ultrasonidos (hasta 60.000 Hz), mientras que los humanos solo llegan a los 20.000 Hz. Pueden oir ruidos a una distancia cinco veces mayor que un humano. Poseen cerca de 18 músculos auriculares que le permiten mover las orejas como un radar para ubicar de dónde viene un sonido de inmediato.

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Los gatos jóvenes alcanzan hasta 100.000 Hz (100 kHz), mientras que los adultos se sitúan alrededor de los 50.000 a 65.000 Hz.  Comienzan a captar sonidos desde los 45 a 60 Hz. Superan ampliamente al oido humano (20.000 Hz y al canino 60.000 Hz).

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