Heliodoro de Arriba Carpio nació en 1900 en Muñoz (Salamanca), hijo de José y Basilisa. Fue operario de Telefónica y, en sus últimos años, portero de librea en una casa en la calle Goya de Madrid. Se casó con Benita Pascual Martín, y tuvo 4 hijas y un hijo. Heliodoro luchó toda su vida por la libertad, la justicia social, la igualdad de oportunidades y los derechos de los trabajadores, los hilos conductores de la II República que fueron frustrados por el golpe militar de 18 de julio de 1936. También se frustraron las vidas de estos hombres y mujeres que lucharon por garantizar el bienestar de los más vulnerables y la eliminación de los privilegios de clase. Heliodoro quería por encima de todo que sus hijos fueran a la Universidad, estaba convencido que estudiar les haría libres.Con el trabajo, le ofrecieron además una casa para vivir, y es allí donde residía con su mujer, hasta que llegó la guerra y lo cambió todo.

En 1936, Heliodoro se incorporó al frente para luchar contra los golpistas. Los bombardeos sobre Madrid se propagaron por todos los barrios, y, aunque el de Salamanca apenas era atacado, decidieron enviar a los niños fuera de la capital para protegerlos. Junto con otros niños, de entre 4 y 14 años Teodora, hija de Heliodoro, y sus hermanos fueron trasladados de manera clandestina a otra parte de la península. “Nos llevaban a un colegio de Alicante. Era por la noche, en octubre, en un tren de madera con el símbolo de la cruz roja impreso en sus laterales, con las luces apagadas. Uno de los profesores nos dijo que no podíamos encenderlas.”
Cuando llegaron descubrieron que también Alicante ha sido bombardeada, de modo que continuaron 22 kilómetros más, hasta el pueblo de Aspe. “Nos expusieron en el ayuntamiento y los vecinos fueron a elegirnos. Terminada la guerra volvieron todos a Madrid y Benita cubrió el puesto de su marido como portera. Heliodoro, que pertenecía al partido comunista y había luchado en el frente Republicano, era perseguido por los fascistas y tuvo que esconderse. En la portería, tras un armario con falso fondo que daba a los sótanos, la familia ocultaba a Heliodoro.
A Benita finalmente la despidieron de un puesto de trabajo que no era para mujeres, era una casa de portero de librea, y huyeron a la casa de un familiar en Salamanca. Mientras, en Madrid continuaba la búsqueda de los rebeldes y se producían registros en todas las viviendas que pudieran tener alguna relación con ellos. Es a través de una carta encontrada en casa de una prima en Madrid como las autoridades del régimen descubrieron su paradero. El 25 de julio de 1940, policías a caballo rodearon la casa y detuvieron a Heliodoro en presencia de su mujer y de su hijo, que entonces sólo tenía 6 años.
Por su pertenencia al Partido Comunista fue encarcelado en la prisión de Salamanca el 14 de agosto de 1939. El 7 de abril de 1940 fue entregado a la guardia civil para ser conducido a Madrid. Una farsa judicial lo condenó a pena de muerte por un “delito de adhesión a la rebelión”. Cuando Teodora, que entonces estaba en Madrid, se enteró de la detención de su padre, marchó a Salamanca junto con su familia. De su padre sólo sabían por las cartas que recibían desde la cárcel, y ambos progenitores, en un intento de proteger a sus hijos, procuraron no contarles demasiado.
El día que a Heliodoro se lo llevaron a Madrid, a la estación acudieron Benita y sus hijos para despedirse de él. “Hacía mucho frío cuando fuimos a verlo al tren”, recuerda Teodora. En la antigua cárcel de Torrijos Heliodoro pasó los últimos meses de su vida. De Torrijos fue trasladado a Porlier y el 9 de septiembre de 1941, un piquete de mercenarios le asesinó por fusilamiento en las tapias del cementerio del Este de Madrid. Heliodoro fue enterrado, junto a otros 13 hombres, en una fosa común en el mismo cementerio. Durante años, apenas se dijo nada sobre aquello. Más tarde, entre la familia, se empezó a hablar un poco más del asunto. Tras el dolor por la muerte de su padre, vendrían años de represión, de exclusión social y de pobreza.
A pesar de que Heliodoro y Benita siempre quisieron que sus hijos estudiaran con la idea de que fueran personas libres, las circunstancias obligaron a Teodora, la mayor de sus hermanos, era una niña tenía sólo trece años, a trabajar en una fábrica de colchones. “Los niños entonces madurábamos mucho porque teníamos muchas necesidades, pues pasamos todas las que te puedas imaginar y más”, reflexiona Teodora. “No teníamos otro pensamiento que poder comer. Esa forma de vida ha marcado la forma de ser de toda una generación”. Las condiciones laborales en aquel momento eran mucho peores. Teodora siguió trabajando hasta que se casó, en 1951. Aquel día llevó el ramo de novia a su padre, depositándolo en el lugar en el que estaba enterrado junto a otros fusilados de guerra.
El hermano de Teodora, también Heliodoro, se encargó años después de recuperar los huesos de su padre para su posterior incineración. “Mi padre luchó toda su vida por la libertad, la justicia social, la igualdad de oportunidades y los derechos de los trabajadores. Estos valores constituían los hilos conductores de la II República que fueron frustrados por el golpe militar del 18 de julio de 1936.
Rivasciudad.es (Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid). Quienes eran (Cristina Revuelta, nieta de Heliodoro). Las cartas de la memoria (Teodora de Arriba)
En MEMORIA de las mujeres y hombres del Ejército de la República Española.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

  MUERE UN CAZADOR DE INFARTO CUANDO PARTICIPABA EN UNA BATIDA EN EL MONTE IBIO (CANTABRIA) Un cazador de 53 años y vecino de Los Corrales d...