Las acequias de riego, las piscinas y los estanques de jardín son trampas silenciosas para la fauna. Las paredes verticales lisas impiden que cualquier animal que caiga pueda salir por sus propios medios
Erizos, sapos, lagartijas, galápagos y polluelos de ánade caen al agua, nadan hasta agotarse buscando una salida y se ahogan. En España, con una de las mayores densidades de piscinas de Europa y miles de kilómetros de canales de riego con paredes de hormigón, el problema es enorme y casi invisible.
La solución es tan sencilla que sorprende que no sea obligatoria: una rampa de escape. Un trozo de malla metálica, una tabla rugosa o una rampa comercial de plástico apoyada contra el borde, con un extremo sumergido y el otro en el exterior. La superficie rugosa da agarre suficiente para que cualquier animal pequeño trepe y salga.
Tres sitios donde instalar una ahora mismo:
- Piscina: una rampa en cada esquina poco visible, apoyada en el borde. Los erizos son los que más mueren en piscinas españolas.
- Estanque de jardín: un borde inclinado con piedras o una rampa de malla resuelve el problema de forma permanente.
- Balsa de riego o acequia: en canales con paredes verticales, rampas de chapa perforada fijadas cada 50-100 metros salvan cientos de animales cada temporada.
Cuesta minutos instalarlo y la protección dura años 
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