Seis plantas que resumen el jardín mediterráneo español. Todas vienen de la garriga, del maquis, de las laderas secas y pedregosas donde llueve poco y el sol aprieta fuerte. En un jardín, hacen exactamente lo mismo: vivir sin que nadie se ocupe de ellas
1. Romero: el tapizante aromático que cubre el suelo y florece en invierno cuando casi nada más tiene flor. Un metro de envergadura, pleno sol, cero riego una vez establecido.
2. Jara (Cistus): la reina de la garriga española. Flores blancas con mancha púrpura en la base de cada pétalo que duran un solo día, pero se renuevan a diario durante semanas. Aroma resinoso intenso con el calor del mediodía.
3. Olivo: la estructura del arriate. Un olivo pequeño o un ejemplar formado en copa baja da sombra moteada, tronco escultórico y hojas gris-plateadas que reflejan la luz. El árbol más español que existe.
4. Higuera: hojas grandes que crean un contraste de textura espectacular contra las hojas finas del olivo y el romero. Da fruta sin pedir nada a cambio. Pierde la hoja en invierno y deja pasar la luz cuando más se necesita.
5. Granado: floración roja en verano y frutos decorativos en otoño. Aguanta el calor extremo y la sequía una vez arraigado. En el Levante y en Andalucía está en su elemento.
6. Ciprés: la columna vertical que cierra la composición por detrás. Siempre verde, siempre vertical, siempre presente. Define el perfil del jardín desde lejos.
La clave del suelo: gravilla o grava gruesa como acolchado, y un sustrato que drene rápido. Estas plantas mueren más por encharcamiento que por sequía. Durante los dos primeros veranos tras la plantación conviene dar algún riego de apoyo, pero después se mantienen solas 
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