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Según Borja Sémper, a buena educación en el PP llegará cuando Feijóo sea presidente.
Borja Sémper ha anunciado una de esas medidas revolucionarias que deberían figurar en el programa electoral del Partido Popular, quizá entre la rebaja de impuestos y la reforma de la Administración:
—Cuando Feijóo sea presidente del Gobierno, se va a desterrar el insulto y va a volver la buena educación.
Es tranquilizador.
Lo inquietante es el «cuándo».
Porque, por lo visto, la buena educación no es un principio, sino una promesa electoral. Una especie de cercanías de Renfe que llegará cuando llegue Feijóo. Hasta entonces, paciencia en el andén.
De modo que conviene interpretar correctamente las palabras de Sémper. No ha dicho que desde hoy se acabaron los insultos. Ni mañana. Ni siquiera el lunes, que siempre parece un buen día para empezar una dieta, dejar de fumar o abandonar el «capo de la mafia». No. La cortesía queda aplazada hasta nueva orden. Entrará en vigor cuando Alberto Núñez Feijóo tome posesión.
Mientras tanto, parece existir un pequeño periodo transitorio.
Así que todavía estamos a tiempo.
«Mentiroso».
«Mediocre».
«Sectario».
«Farsante».
«Pequeño dictador».
«Vulgar perdedor».
«Capo de la mafia».
«Caudillo bolivariano».
«Meme de presidente de una república bananera».
Y, para los paladares menos sofisticados, siempre queda el clásico de nuestra gastronomía parlamentaria:
«Hijo de puta».
Perdón: «me gusta la fruta».
Borja Sémper ha hecho la segunda promesa electoral del PP, después de derogar el sanchismo. No tengo duda de que el amigo del narco lo logrará con la ayuda del poder judicial, Antena, Telecinco y otros mercenarios del periodismo. Debemos darnos la enhorabuena y creer que estamos ante los últimos coletazos de la mala educación pepera, la de los nazis a su derecha, barra libre. antes de que llegue la regeneración.
Imagino incluso a Sémper recorriendo Génova con un calendario de pared diciéndole a Tellado:
—Miguel, aprovecha hoy lo de «capo», que luego no podremos.
—¿Y «mafioso»?
—También, también. Pero date prisa.
—¿«Dictador»?
—Hasta las doce de la noche del día anterior a la investidura.
—¿Y después?
—Después todos de usted.
Porque ese parece ser el prodigio anunciado: el día en que Feijóo cruce la puerta de la Moncloa, una paloma blanca sobrevolará la Carrera de San Jerónimo, sonarán las campanas y los mismos que llevaban años llamando a Sánchez capo, dictador, mentiroso, mafioso, tirano o vulgar perdedor se levantarán de sus escaños transformados en caballeros de internado británico.
—¿Desea usted la palabra, honorable adversario?
—Después de usted, estimadísimo colega.
—No quisiera importunarle.
—Faltaría más.
Y Ayuso mandará una cesta de frutas y flores, viniendo de ella, supongo que la fruta estará podrida y las flores cogidas de las flores que llevan los familiares a los 7291 ancianos muertos en las residencias madrileñas; bueno, tal vez criadas en el aticazo. Lo verdaderamente extraordinario de la frase de Sémper no es siquiera la promesa de acabar con los insultos. Es haber establecido la fecha de caducidad de los principios. Resulta que el respeto institucional puede esperar. Primero hay que ganar las elecciones. Hasta entonces, al parecer, seguimos en promoción:
INSULTE AHORA. EDUQUE DESPUÉS. CAPOS, DICTADORES Y MAFIOSOS: 3×2 HASTA FIN DE LEGISLATURA.
Y debajo, en letra pequeña:
Oferta válida hasta la llegada de Alberto Núñez Feijóo a la Presidencia del Gobierno. A partir de ese momento, rogamos disculpen las molestias: volverá la buena educación.
Quizá Sémper pretende anunciar una nueva etapa política. Pero la frase le salió regular. Porque decir que cuando gobiernen desterrarán el insulto deja flotando una pregunta bastante sencilla: ¿Y hasta entonces qué hacemos? Por lo que se ve, hasta entonces podemos seguir llamando al presidente del Gobierno capo, dictador, farsante, mafioso, tirano, mentiroso o lo que dicte el argumentario del día. Eso sí, con moderación, porque Feijóo llegó, supuestamente, a hacer «política para adultos». Se olvidó nada más pisar Madrid, contagiado por la lideresa, la frutera mayor de Madrid, la pareja de Alberto Quirón.
Sea como sea, llegará como el aviso de Mazón, o como el de Pérez Llorca, dos horas después de que la tormenta haya pasado. O, tal vez, las palabras de Borja Sémper, sean tan falsas como la playa de la campaña de Verano azúl del PP.
©Paco Arenas a 17 de septiembre de 2026, autor de «Magdalenas sin azúcar» y «Las abarcas desiertas», entre otros libros.

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